Temas transversales y temas posicionales (Maravall)

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Mi ejemplar del libro de Maravall que comentamos. Foto propia bajo licencia CC

Por Antón R. Castromil / Contacto

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¡Ojo! El siguiente texto puede contener extractos literales de la obra de José María Maravall que se cita al final del artículo. En esta web estamos en contra de la piratería y de la citación anónima.

En muchas ocasiones los políticos y sus medios de comunicación afines son capaces de conseguir un doble objetivo: Por un lado radicalizar mucho la confrontación con sus adversarios y, al mismo tiempo, mantener el apoyo de un electorado moderado que les permita ganar las elecciones.

Para José María Maravall (La confrontación política. Taurus. 2008) la política estadounidense ha influido mucho en la ruptura de la idea de que unas elecciones se ganan con políticas moderadas, para pasar a entender que las políticas de polarización pueden atraer al centro del electorado.

El enfrentamiento encarnizado por ganar y conservar el poder tiene una finalidad política más que programática: Neutralizar al contrincante, contemplado no como un adversario sino como un enemigo.

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Ruptura del consenso

La crispación y la polarización son estrategias que rompen con una tradición de consenso (sobre todo en ciertos temas clave como la política exterior o la lucha antiterrorista); sucede además que desmontan la teoría principal acerca de la competencia política en las democracia: el modelo de la distancia menor (modelo ideológico espacial simple).

Este modelo de la distancia menor responde a una lógica muy simple: Los ciudadanos votan a aquellos partidos cuyo programa les resulta más cercano a sus preferencias político-ideológicas. Se supone que los ciudadanos son capaces de ordenar sus preferencias políticas y de conocer qué es lo que le ofrecen los distintos partidos políticos.

Maravall habla de dos tipos de temas de debate que se ofrecen a los electorados, los temas transversales (valence issues) y los temas posicionales (position issues). Los primeros hacen referencia a cuestiones que generan consenso y en los segundos las preferencias de la gente suelen variar.

Temas transversales

Los políticos, cuando utilizan temas transversales, lo suelen hacer porque consideran que son una vía eficaz para construir mayorías lectorales, en detrimento de los temas posicionales. La estrategia de basa en su capacidad para lograr un objetivo que todo el mundo desea (salir de la crisis, por ejemplo) frente a la incapacidad del adversario.

El argumento que Maravall maneja aquí es que, al menos para la realidad norteamericana que analiza (los períodos de Clinton y Bush) es que la competición dejó de ser centrípeta, en torno al centro ideológico, en torno al centro; para centrarse en temas que a priori generan consenso (transversales) con el objetivo de descalificar al adversario.

Las estrategias de polarización a partir del 11S (2001) girarán en torno a la seguridad nacional y liderazgo.

Para Maravall el principal afectado fue el candidato Demócrata John Kerry, en torno al cual se llevó a cabo una campaña de polarización tendente a descalificarle desconectando de su candidatura al electorado más cercano y movilizando al más adverso en su contra.

La estrategia: Poner en cuestión su patriotismo por sus críticas a la Guerra de Irak. El resultado de la estrategia, para Maravall, fue que la valoración de la capacidad de liderazgo de Kerry y su fiabilidad como posible presidente se redujeron sustancialmente.

Y es que en los temas transversales no existe una diferencia sustancial en lo que los ciudadanos quieren, la cuestión es dilucidar cuál de los candidatos o partidos alcanzará mejor tales objetivos.

Para Maravall, a lo largo del período Clinton-Bush la política estadounidense se polarizó mucho. Tal polarización tuvo su origen en el mundo de la política (y los medios, como extensión de aquella) pera genera más tarde una profunda división en el seno del electorado. Sin embargo, los ciudadanos mantuvieron durante todo el período una distribución ideológica muy estable.

La clave de las victorias electorales no radicó tanto en la simple movilización de sus simpatizantes (a través de temas posicionales) sino en la atracción de los votantes moderados e independientes (a través de temas transversales que le son más cercanos y a través también de la estrategia de la polarización: “Decántese usted por mi o por el <<otro>> en el seno de esta campaña electoral”)

Para Maravall la clave de la victoria de Bush sobre Kerry reside en el incremento del respaldo de los votantes moderados hacia el Partido Republicano y la manera de conseguirlo consistió en la descalificación del adversario (incompetencia, liderazgo débil) en tres grandes temas transversales: Economía, terrorismo y Guerra de Irak.

De este modo se busca desmovilizar, en la línea de Lakoff, a parte del electorado demócrata (no tanto por la polarización en sí sino por la imagen de incompetencia del líder Demócrata), atraer indecisos y movilizar a los votantes Republicanos.

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Imagen de Raúl Hernández González bajo licencia Creative Commons

La polarización en España

En su análisis de la realidad española, Maravall analiza la etapa de González y sostiene que la distancia que tenía ( y tiene) el PP con respecto del votante mediano (mucho más cercano al PSOE) estimula, de alguna forma, la estrategia de la crispación sobre temas transversales ya que tanto la figura de González como la posición en ciertos temas (temas posicionales) le son mucho más favorables a los progresistas.

Sea como fuera la conclusión es siempre la misma, la polarización, la crispación no tiene lugar sobre temas posicionales sino sobre aquellos otros sobre los que todos los ciudadanos comparten los mismos principios.

En la segunda etapa de la crispación (2004-2008, primer gobierno Zapatero), Maravall maneja un argumento parecido. El PP buscará mantener movilizado a su electorado de 2004 tras la derrota (las elecciones del 11M, recordémoslo) y desmovilizar a la parte más volátil del electorado socialista.

La denominada “teoría de la conspiración” tendría aquí encaje. Para mantener movilizado a su propio electorado y evitar un colapso político del partido, el PP apoyado por los medios de comunicación más conservadores (sobre todo El Mundo y la COPE) se gesta la idea de que el atentado había sido producto de una oscura conspiración entre ETA, el terrorismo islámico, la policía, la guardia civil y los servicios secretos extranjeros. El PP contraatacaba en un tema transversal que había provocado su derrota en 2004.

Referencias

Maravall, J. M (2008): La confrontación política. Madrid. Taurus.

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