Totalitarismo vs autoritarismo (Linz)

nazi
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Por Antón R. Castromil / Contacto

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¡Ojo! El siguiente texto puede contener extractos literales de la obra de Juan Linz que se cita al final del artículo. En esta web estamos en contra de la piratería y de la citación anónima.

El término totalitarismo fue acuñado en los años veinte del siglo XX en Italia para señalar las características del estado fascista en tanto que opuesto al estado liberal.

El uso de la palabra totalitarismo se generaliza después de la Segunda Guerra Mundial para designar las formas de gobierno surgidas tras la llegada de la democracia de masas. Esto es, los regímenes fascistas y comunistas.

En una primera aproximación podemos definir el gobierno totalitario como una forma de gobierno personalizada en un líder y en una elite que trata de dominar a la sociedad y al estado.

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El rasgo más notable del gobierno totalitario es la penetración y movilización total en el cuerpo social y la destrucción de toda distinción entre el aparato político y la sociedad.

El totalitarismo se distingue del absolutismo en su capacidad reforzada de control social, imposible de lograr en etapas anteriores dada la ausencia de la tecnología moderna.

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El totalitarismo, en este sentido, puede ser entendido como una forma nueva (moderna, tecnológica) y única de dominio político cuyas características son comunes a la Alemania nazi y al régimen estalinista soviético en, al menos, los siguientes puntos:

1) Partido único de masas

2) Caudillo carismático que controla el partido

3) Ideología oficial

4) Control de la economía por parte del partido

5) Control de los medios de comunicación por parte del partido

6) Control de las fuerzas armadas por parte del partido

7) Sistema policial de control social

Según Juan Linz (Linz, 2010) los sistemas autoritarios son regímenes políticos con un pluralismo limitado, no responsables y sin una ideología elaborada y directora. Carecen también de una movilización extensa e intensa y presentan un líder o un grupo reducido que ejerce el poder dentro de unos los límites un tanto difusos.

Para Linz el pluralismo que permite un régimen autoritario está limitado a través de formalidades legales o de hecho. Se consiente la existencia y expresión de determinados grupos políticos y de algunos otros grupos de interés. Pueden influir en el proceso político de alguna forma. Se podría hablar de un espacio para algún tipo de oposición.

En algunos casos los autoritarismos institucionalizan la participación política de estos grupos que entran a formar parte de la coalición dominante en la sociedad.

La ideología de los autoritarismos, al contrario de lo que sucedía en los totalitarismos, no suele tener ningún tipo de elaboración intelectual pero sirve de elemento que cohesiona a los distintos grupos del régimen precisamente por su propia ambigüedad.

Otro elemento importante es la ausencia de movilización política. Si bien en su primera etapa de formación los regímenes autoritarios suelen contar con una considerable y, a veces, intensa participación popular, una vez estabilizados aparece una creciente despolitización, falta de movilidad política, un escaso índice de participación y entusiasmo en las elecciones, referéndums y concentraciones a no ser que el régimen gire hacia el totalitarismo o la democracia.

Los gobernantes se sirven de la apatía para consolidar su poder y la despolitización para reducir las tensiones en la sociedad con el fin de conseguir una integración en el régimen.

Referencias

Linz, J. (2010): Regímenes totalitarios y autoritarios (vol. 3). Madrid. Centro de Estudios Constitucionales.

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