La Universidad después del virus

La epidemia del Coronavirus está poniendo patas arriba nuestra anterior vida. Cuando todo vuelva más o menos a la normalidad, seremos diferentes. La educación superior no es una excepción. Os cuento lo que hemos estado haciendo en estas semanas y lo que nos queda por delante…

En una Universidad presencial como la Complutense la crisis del COVID-19 lo ha alterado casi todo. Supongo que, en otras instituciones, como por ejemplo la UNED, por sus propias características, el impacto habrá sido menor. Pero en la Complu hemos sufrido de lo lindo.

En mi caso la docencia la tuve concentrada en el primer cuatrimestre, cuando el Coronavirus era solo una sospecha lejana. Entre septiembre y diciembre impartí un total de tres asignaturas. Con normalidad, es decir, de forma presencial.

El lío se montó, como sabéis, en el segundo cuatrimestre del año académico. Pero en este período yo solo tuve que dar unas tres semanas de clase en una asignatura práctica del Máster en Estudios Avanzados en Comunicación Política. Y otras tantas sesiones en una asignatura del Grado en Periodismo (Opinión Pública) en sustitución de una compañera por un repentino adelantamiento de su baja maternal.

Imagen de nikolayhg libre de derechos

Es decir, no he tenido que adaptar mis asignaturas a la nueva situación “no presencial” forzada por el Coronavirus. De hecho, la interrupción de las clases solo me privó de una semana de clase en ambas asignaturas.

Como se trataba de un período de tiempo muy corto, solucioné la papeleta con una sesión on line en el Máster y con la incorporación de un texto de obligado estudio en Opinión Pública.

Otros compañeros de mi Sección Departamental, que sí han tenido docencia en este segundo cuatrimestre, han adaptado sus asignaturas. No es lo mismo que la suspensión de la presencialidad afecte a sólo una semana de clase que a todo un cuatrimestre, por supuesto.

Cambios en la vida Universitaria

Más allá de las cuestiones personales, la Complutense, como institución, ha ido un poco a remolque de los acontecimientos. Algo que, por otra parte, me parece lo más prudente.

Tras los primeros días de estado de alarma, la comunidad universitaria permaneció un poco a la espera. No se sabía muy bien si lo que pasaba se prolongaría en el tiempo.

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Cuando, poco a poco, se fue viendo la gravedad de la situación. Desde el Rectorado fueron adaptando el transcurso normal de la vida académica a la nueva realidad no presencial.

Primero se dio por perdido el cuatrimestre, después se enfocó el período en el que ahora nos encontramos: la realización de los exámenes ordinarios de mayo-junio.

Al no poder realizarlos de manera presencial (en el momento de escribir estas líneas Madrid todavía está dando sus primeros pasos, no exentos de polémica, en la denominada “desescalada”), la Universidad fue elaborando una serie de protocolos.

No es posible llenar las aulas para hacer los exámenes. Así que hemos tenido que adaptarlos a la modalidad no presencial. O “en remoto”, como gusta decir en mi Sección Departamental.

Otra consecuencia del virus es el casi seguro retraso en el comienzo del curso que viene. El año académico se hubiese inaugurado, tras la reforma de Bolonia, el primer día hábil del mes de septiembre.

Ahora, aunque no está confirmado, parece que comenzaremos las clases a finales de ese mismo mes de septiembre. La idea es recuperar la presencialidad, ganar algo de tiempo para ver si el curso que viene puede o no llevarse a cabo con normalidad.

Exámenes on line

Esta misma semana tengo que realizar un par de pruebas on line. Y en la convocatoria extraordinaria de junio-julio (antiguos exámenes de septiembre) algunos más.

La verdad es que no estoy acostumbrado a ello. Y no es por falta de interés en las herramientas on line de docencia, ni por desconocimiento de las nuevas tecnologías educativas. Lo tecnológico es un ámbito que me encanta.

Es, simplemente, porque trabajo en una Universidad que se dedica al mundo de lo presencial. La Complutense basa su rutina académica en el día a día en el aula.

Imagen de Andrea Piacquadio obtenida de Pexels

Por eso el cambio nos está costando tanto. Además, estamos hablando de la Universidad más grande de España, con algo más de 70.000 alumnos, según datos del curso 2018-2019.

En mi caso, haciéndome cargo de la situación de confinamiento que han sufrido los estudiantes, estoy tratando de ser comprensivo. Otros colegas han optado por evaluar sus asignaturas mediante un trabajo.

En mi caso, he optado por realizar un examen tipo test en modalidad on line. Va a ser imposible impedir que los alumnos “se copien” (por WhatsApp, por ejemplo) o que consulten sus apuntes, en la soledad de sus casas.

Pero me da un poco igual. Espero que copiándose o consultando los libros algo aprenderán… Prefiero un examen de este tipo antes de dar un aprobado general, que considero muy injusto.

Si la situación se prolonga en el tiempo y termina afectando a mis asignaturas completas, entonces sí que llevaré a cabo una remodelación completa del método de evaluación de los conocimientos adquiridos.

Pero, de momento, creo que cumplo con creces haciendo un examen on line, atendiendo por correo electrónico las dudas y haciendo seminarios mediante videoconferencia.

¿Cómo afecta todo esto del coronavirus a vuestro trabajo? ¿Os habéis adaptado bien a la modalidad on line? ¿Pensáis que las mastodónticas Universidades estilo Complutense lo están haciendo bien en el difícil contexto del coronavirus?

¡Salud y tele ciencia!


– Nueva sección de Divulgación Universitaria

– Artículos sobre Comunicación: https://goo.gl/ZjN8Gw 

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1 comentario en “La Universidad después del virus”

  1. No existe paso de bien en el mundo sin la razón.
    Para que exista respeto, debe existir antes razón;
    para que exista educación, debe existir antes razón;
    para que exista información, debe existir antes razón o el que la demuestra (que es lo mismo). Siempre que LUCHO CONTRA UNA MENTIRA, irremediablemente lucho contra una retórica, la cual siempre impide la razón, ¡siempre! ; porque la mentira es muy suya y tiene su rollo envolvente o confusión por el cual ha triunfado astutamente, no siendo nunca concisa, directa y clara, sino halagadora, demagógica, populista, encantadora de serpientes o muy cargada de demasiadas palabras para no decir ninguna verdad, solo parecerlo (¡éso es la retórica!).
    Por eso, todos los días me dirijo a desenmascarar retóricas, muchas de ellas muy corporativistas que terminan siempre en abuso del poder que adquieren (teniendo detrás guardias pretorianas y muchos poderes), a pararles sus pies, ¡aunque no mucho les guste!
    La Tierra (o Bien en general) nunca está a salvo de nada por parte del ser humano, sí, lo jura la Razón y lo juro yo.
    http://delsentidocritico.blogspot.com/
    José Repiso Moyano ¡VIVA EL APALEAR AL BIEN! ¡Y que parezca un accidente!

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