El futuro del taxi

Qué tranquila Madrid sin taxis. De repente, las calles y carreteras están a medio gas, la gente va más desestresada allá donde sea que vaya y el transporte público no parece notarlo en demasía. ¿Qué sucederá cuando vuelvan los “pesetas”? ¿Hacia dónde va la movilidad en nuestras ciudades?

Reconozco que el sector del taxi no es uno de los gremios que más simpatías despiertan en mí. Supongo que tiene mucho de prejuicio, pero qué vamos a hacerle. Es la pura verdad. No me caen muy bien.

Intento domar a mis demonios. Al fin y al cabo, soy medio sociólogo. Debería reprimir mis estereotipos, me digo a menudo.

Venga, va; prueba con esto: no seas injusto, Antón: la mayoría de taxistas son bellísimas personas, cargados de hijos que mantener, bocas que alimentar, familias que sacar adelante. Trabajan por la noche o a primera hora de la mañana. Tienen que lidiar con borrachos grandilocuentes, yupis egoístas, parturientas histéricas.

Nada, que sigo sin tenerles ley.

Me obligo a volver sobre la idea de que la mayor parte de los taxistas son bellísimas personas. Que mis malas experiencias con el sector se deben sólo a la acción de algunos conductores aislados. Que son justamente eso, una exigua minoría que hace que paguen justos por pecadores. Como sucede con algunos piquetes y las huelgas.

Imagen de doctor-a libre de derechos

Nada, sigo sin tenerles ley. Y, cada vez, me voy desanimando más y más. ¿Y si me permito cierto grado de injusticia? ¿Y si asumo que son un gremio que no me caen bien y punto pelota?

Puede ser. Quizá funcione.

Hago un pacto conmigo mismo. Me permito detestarlos, mirarlos de refilón, pensarlos con desagrado. Pero me juro a mí mismo que no les deseo que les parta un rayo, que admito que son un mal necesario, una forma arcaica de transporte que da sus últimos coletazos.

El futuro del taxi

Vuelve el sociólogo que habita en mí. De tanto leer al genial Antonio Agredano me estoy desviando del tema. Lo reconduzco, pues.

Más allá de la simpatía, solidaridad o aversión que la huelga de taxistas despierte en nosotros, de lo aliviados o angustiados que nos encontremos por su ausencia de las calles de Madrid durante todos estos días, conviene pensar en el medio de transporte en sí.

De un tiempo a esta parte, las nuevas tecnologías y los cambios en la vida moderna han puesto patas arriba muchas de nuestras antiguas costumbres, que ahora se nos antojan antediluvianas.

Algunos ejemplos: leer un periódico impreso, ver la televisión generalista, comprar un billete de avión en una agencia de viajes, enviar un SMS, ir a una oficina de un banco…

Por cuestiones profesionales, siempre tiendo a pensar en el impacto de los nuevos tiempos en el periodismo y en la opinión pública. Mucho han cambiado las cosas aquí.

Pero hay que reconocer también que la movilidad de las personas, especialmente en el ámbito de la ciudad, también está siendo un ámbito que está cambiando a marchas forzadas. El conflicto del taxi en Barcelona y Madrid así nos lo muestra.

Si echamos un vistazo a una ciudad como Madrid, nos encontramos con un buen número de nuevas formas de movernos inexistentes hace sólo unos pocos años. Algunas de ellas cuentan con sólo unos cuantos meses de vida.

Hace no mucho podías moverte, básicamente, de cinco formas distintas: en un coche privado o moto (ya fuese de tu propiedad o compartido con amigos/compañeros de trabajo), en autobús, en metro (o sus parientes de RENFE), en taxi o, como diría la canción, un poquito a pie y otro caminando.


>>> Vídeo obtenido del Canal Oficial de Youtube de Manolo García

Ahora tenemos, además: varias compañías de alquiler de coches eléctricos, varias compañías de bicicletas (eléctricas y de las de dar pedales como las de toda la vida de dios), patinetes eléctricos y VTC tipo Uber y Cabify.

Todo esto así, de repente. Hasta el punto que el Ayuntamiento de Madrid tuvo que restringir el uso de los patinetes eléctricos hasta que por fin se reguló de manera más concreta su uso. La verdad es que iban como locos por las aceras, amedrentando peatones, y pisando huevos por las carreteras, ralentizando la circulación.

De todas estas formas de moverse -viejas y nuevas- son probablemente los taxistas los que están saliendo más perjudicados. De ser los amos y señores de la ciudad pasan ahora a crecerles los enanos. Le salen competidores como setas.

Los VTC son sólo uno más de los desafíos hacia un servicio bastante deficiente cuyo mantenimiento se producía simplemente por la falta de alternativas y a golpe de regulacion monopolística. Ahora que existen otras formas de moverse tienen dos opciones, que no tienen por qué resultar excluyentes

Por un lado, pueden resistirse al cambio, presionando para que se mantengan por ley sus privilegios. Por otro lado, pueden aprovechar los nuevos tiempos para modernizar su servicio, actualizarlo, hacerlo más atractivo a un cliente con más capacidad de elección y exigencia.

La batalla está ahí. Yo seguiré, si puedo evitarlo, sin coger un taxi. Me paso al patinete y seguiré yendo en Metro o, como mucho, en moto. ¿Qué harás tú?

¡Salud y ciencia!


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1 comentario en “El futuro del taxi”

  1. Jajaja que jilipollez de articulo. En Epaña cualquier persona puede escribir en contra de un sector solo porque le cae mal, porque ese es su unico argumento, menuda reflexsion, contraste cosas, de datos argumente la situacion del conflicto, investigue la cantidad de denuncias de los consumidores contra esas plataformas lladas colaborativas, no hable desde el desconocimiento.
    Yo no pertenecco al sector del taxis, pero soy una persona justa y en mi opinion las empresas como UBER y los Cabis son empresas que solo obtienen beneficios no tributan en España y explotan a sus trabajadores y esto se puede comprobar y le animo a que lo haga .
    Un saludo

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