El poder de la persuasión

Cuando pensamos en alguien con poder nos viene a la mente una persona que utiliza su posición dominante para imponer sus puntos de vista. Obligar a los otros a que hagan algo que, en principio, no tenían pensado hacer. O, incluso, que habían descartado hacer. Este es el denominado poder “duro”. Pero, frente a él, existe otro tipo de poder “blando”. Sigue leyendo y te explico en qué consiste…

Joseph S. Nye Jr., en su libro, Las cualidades del líder, sostiene que el poder del que disponen organismos como la policía, las instituciones económicas o aquellos empresarios que contratan o despiden trabajadores, por ejemplo, es un poder que podría catalogarse como “duro”.

Es decir, un poder que se emplea para que los otros –los que no tienen ese poder– cambien de postura. Me da la sensación que es a este tipo de poder al que nos referirnos cuando hablamos de poder, así, a secas. ¿O no?

Sin embargo, existe otro poder, el denominado “blando”, que resulta muy interesante. Y, yo diría, que puede ser más efectivo aún que el poder duro. Al menos en el campo de la comunicación política.

El libro de Nye al que nos referimos. Imagen de la editorial Paidós

El poder blando aparece cuando conseguimos nuestros objetivos sin necesidad de emplear ni la amenaza ni la recompensa. La idea es atraer a los otros en lugar de manipular los incentivos materiales.

Es decir, persuadir en vez de coaccionar.

Nye lo deja claro: “El poder blando se basa en la capacidad de moldear las preferencias de los demás para que deseen lo que deseamos nosotros” (Nye, 2016: 42).

Es el poder de la atracción y de la seducción, muy estudiado en el plano de las relaciones personales o de pareja. Y que resulta, también, de mucha utilidad en el campo político.

El poder blando, para nuestro autor, se suele basar en el atractivo de nuestros valores o en la capacidad de fijar la agenda de las decisiones políticas. Esto es, si un líder representa valores que otros desean seguir, le costará menos dirigir.

O, dicho de otro modo, aumenta su capacidad de atraer.

El poder blando, en fin, utiliza un arma diferente a la fuerza para generar cooperación: la sensación de atracción, de apelación a valores sobre la justicia de los propósitos comunes.

Por último, me gustaría destacar una idea un tanto inquietante que señala Nye a propósito del poder blando: “el poder se plasma (…) en la capacidad de persuadir a los demás de que quieren hacer por su propio interés lo que queremos que hagan” (Ibíd. 45).

Ahí lo dejo. Para la reflexión.

Referencias:

Nye, J. S. (2016): Las cualidades del líder. Barcelona. Paidós.

¡Salud y ciencia!


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