Fórmulas de gobierno

Los resultados de VOX en las elecciones generales españolas del pasado domingo son una muy mala noticia. España tendrá que lidiar los próximos años (¿o meses?) con un partido de dudoso compromiso democrático: xenófobo, anti feminista, negacionista con la degradación del medio ambiente, con una idea excluyente del país y una persecución de los que para ellos son diferentes. Pero su fuerza puede ser también un incentivo para la formación de un gobierno

Desde que en 2015 irrumpiesen en el sistema de partidos Podemos y Ciudadanos la cosa está que arde. El sistema se ha vuelto más inclusivo, dando voz a grupos y formaciones antes excluidas. Pero, del otro lado de la moneda, la formación de gobiernos se vuelve más complicada.

Para muestra, un botón: Llevamos ya dos “repeticiones”: 2016 es consecuencia del bloqueo de 2015 y noviembre de 2019 del de abril de ese mismo año.

La gran coalición

La denominada gran coalición constituye la principal apuesta de buena parte de la prensa de tendencia más o menos conservadora (yo sigo habitualmente El Mundo, El Confidencial y El Español).

Consistiría en que el Partido Popular facilitaría, absteniéndose en segunda votación, la investidura de Pedro Sánchez. De esta forma, el PSOE no tendría que apoyarse ni en los distintos partidos situados a su izquierda (UP, Más País) ni en los nacionalistas (PNV, ERC, CC, BNG…).

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Se apela aquí a que tanto el PSOE como, sobre todo, el PP hagan gala de sentido de estado. La idea sería salir del bloqueo, evitando la convocatoria de unas terceras elecciones que serían demoledoras para la salud del sistema democrático español y que terminarían de encumbrar a VOX.

Algunos llegan a pedir incluso algo que vaya mas allá de una abstención para investir a Pedro Sánchez: un gobierno de coalición.

Hay que recordar que tras la repetición de 2016 y, ante la perspectiva de unas terceras elecciones, fue el PSOE el que maniobró para apartar a Pedro Sánchez y su «no es no». La idea era facilitar la investidura de Mariano Rajoy a través de la abstención de parte del grupo parlamentario socalista.

¿Qué pasará ahora, tras noviembre de 2019? ¿Persistirá el bloqueo? ¿El PP le devolverá el favor al PSOE? ¿Gran coalición u otras fórmulas?

VOX impide la gran coalición

Yo creo que el principal escollo para una posible colaboración PSOE-PP es el propio PP y la alargada sobra de VOX.

Si el PP facilita la investidura del PSOE estaría dejando el camino libre para el liderazgo de VOX en el espectro ideológico de la derecha. A buen seguro la estrategia de los de Santiago Abascal será la de recordar constantemente al PP su apoyo a «los progres». El marco de la «derechita cobarde» ganaría más fuerza que nunca.

Me da la sensación de que esto mismo están pensando en la planta noble de la calle Génova.

Pero si, por el contrario, el PP se mantiene firme en su rechazo al PSOE; los socialistas no tendrían más remedio que mirar hacia su izquierda. Y tener que recurrir, muy posiblemente, a algunas fórmula de colaboración con los independentistas catalanes.

Si esto se produce -y me da que en el PP están cruzando los dedos para que así sea- entonces el PSOE estaría dejándole en bandeja al PP toda una legislatura de ataques y reproches sobre el denominado “gobierno Frankenstein”. Esto es, una extraña y heterogénea coalición de partidos izquierdistas-nacionalistas.

Aquí, el PP tendría tiempo para reorganizar a sus ejércitos con la mira puesta en VOX y el liderazgo conservador. Yo creo que este segundo escenario es el favorito del PP. Por mucho que su prensa afín, de manera un tanto ingenua, insista en la conveniencia de acercarse al PSOE.

El gobierno “Frankenstein”

Es bien sabido que la fábula de Frankenstein, escrita por Mary Shelley en 1818, apela a la cosmovisión conservadora. Se refiere a los límites naturales que el constructivismo humano tiene. La naturaleza y el orden de las cosas son algo que deben respetarse.

Por eso Frankenstein es un monstruo, por ser algo antinatural. El ilegítimo intento del ser humano por desafiar a la mismísima muerte.

El Partido Popular utiliza, por lo tanto, un marco que ya de por sí pertenece a su mundo asociativo para describir la heterogeneidad de los apoyos necesarios para que el PSOE gobierne: la izquierda populista y el nacionalismo separatista.

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Sin embargo, y tal y como decíamos más arriba, pocas alternativas a ello hay si la fórmula de la gran coalición no parece viable.

Un peligro y una ventaja veo en esta posibilidad de gobierno, aunque también pienso que será la que finalmente terminará imponiéndose.

El peligro al que me refiero, en realidad, ya lo hemos comentado. Tal y como sucedió tras el éxito en la moción de censura a Rajoy de 2018, la estrategia de la derecha será la denunciar la dependencia y el servilismo de un gobierno que le debe demasiadas cosas a nacionalistas e independentistas.

La misma formación de un gobierno apoyado por una amplia coalición de partidos de izquierda y nacionalistas llevaría en su seno su propia debilidad: la percepción, por parte de muchos ciudadanos, de que el ejecutivo estaría claudicando antes los que quieren “romper España”.

Aquí se produciría una lucha encarnizada entre el PP y VOX -una vez borrado del mapa Ciudadanos- por encabezar las críticas y agarrarse a la bandera.

Sin embargo, al calor de este peligro, se nos muestra también una ventaja. La derecha y, sobre todo, VOX viven de los temas de debate identitarios. Dicho en corto, de la crisis en Cataluña. Les favorece el enfrentamiento y la política de la identidad.

Pero, ¿y si un PSOE encabezando un gobierno más dialogante con los nacionalistas consigue, hasta cierto punto, desactivar parte del conflicto o, cuanto menos, modular a la baja su intensidad?

¿Y si se logra introducir en el debate público otros temas como la la lucha contra el desempleo o la salida social de la desaceleración económica que tenemos encima? Por no hablar ya de cuestiones como la igualdad entre hombres y mujeres o la protección del medio ambiente.

En definitiva, si el gobierno consigue sacar a Cataluña del centro del debate público y colocar en su lugar otras cuestiones económico-sociales tiene muchos visos de conseguir algo de estabilidad y dejar a la derecha fuera de juego.

El incentivo para formar gobierno: VOX

Sea bajo la fórmula de la gran coalición (que a mí me parece remota) o la de un «gobierno Frankenstein» (la veo más factible), los 52 escaños conseguidos por VOX hacen que la formación de un gobierno, bajo mi punto de vista, sea inenvitable.

Ni a la izquierda ni a la derecha le interesa ir a nuevos comicios. Sólo saldría ganando la ultra derecha.

¿Cómo lo veis vosotros? ¿Gobierno PP-PSOE? ¿Gobierno de izquierdas? ¿VOX como elemento que hace inevitable un gobierno, probablemente, antes de las Navidades?

Vamos a completar esta serie de análisis de las elecciones con, por lo menos, dos entradas más. Ambas sobre partidos de derecha, pero con distinta suerte en las elecciones del domingo. Hablaremos de VOX y de Ciudadanos.

Hasta entonces, ¡salud y ciencia!


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