La televisión solitaria

¿Os habéis fijado cómo han cambiado las formas de ver la tele? De una exposición en grupo, a una hora determinada, poco a poco, se está pasando a otra forma de consumir los contenidos audiovisuales en la que prima la individualidad y el diferido. La clave, creo yo, se encuentra en la redoblada capacidad de elección que ahora tenemos…

Hace ya unas semanas, el diario El País, en su edición del domingo 10 de noviembre no sólo publicó cuestiones relacionadas con las elecciones que tuvieron lugar ese día.

Hay vida más allá de las cuestiones electorales que, últimamente, todo lo abarcan. Ya tenía yo ganas de escribir sobre otras cuestiones, caramba.

El 10 de noviembre su publicó este reportaje de Tom C. Avendaño en el suplemento “Ideas” que me dejó pensando. Varios elementos se unieron a ese considerar “tengo que escribir sobre esto en el blog”.

En los últimos días he tenido la oportunidad de evaluar varios artículos sobre televisión, redes sociales y nuevas pautas políticas de exposición. ¿No os pasa alguna vez que un determinado tema, de repente, se vuelve omnipresente?

El fin de las “exposiciones accidentales” de Markus Prior

De entre la bibliografía que suelo utilizar en mis clases en la Universidad Complutense, casi siempre recurro a algunos argumentos de un excelente libro, que tiene ya unos años, escrito por Markus Prior, del que una entrada en nuestra Unidad Docente en Comunicación.

Visita Una reelaboración de los «usos y gratificaciones» (Markus Prior) para más información sobre el autor y sus argumentos

Me refiero, en concreto, a la tesis de las “exposiciones accidentales”. Os la resumo rápidamente.

Con el modelo generalista de televisión, ver un telediario coincidía -tal y como el artículo de El País enlazado más arriba trataba- con ciertos hábitos de la vida familiar, como la hora del almuerzo o la cena.

La familia se reunía y allí estaba la televisión. Omnipresente, siempre encendida. De modo que, sin buscarlo demasiado, los individuos del hogar conocían los principales contenidos del menú informativos del día.

Imagen de Papafox libre de derechos

Sim embargo, según Prior, con la transición desde ese modelo generalista de televisión a otro marcado por la elección del consumidor (post-broadcast), la cosa cambia. Modos audiovisuales, como hacia el que estamos yendo, que posibilitan una exposición a la carta e individual.

Cuando esta es la nueva forma, desparecen estas exposiciones accidentales. Y, en la medida en que lo informativo, la crónica de lo que está pasando en el país y el mundo, no es algo que, para muchos individuos, levante pasiones; prefieren los deportes o las series, por ejemplo.

El resultante es una población menos informada y, por añadidura, una democracia peor. Y lo es, paradójicamente, por algo muy democrático: la libertad de elección de la gente.

Nuevas formas de ver la tele

Hasta hace poco tiempo, se veía la televisión a una hora determinada, éramos nosotros los que nos amoldábamos a sus horarios. Esperábamos la cuenta atrás, soportábamos soporíferos cortes publicitarios que prolongaban películas, series y concursos hasta altas horas de la madrugada. Y eso que al día siguiente había que madrugar.

Nos reuníamos en familia, nos avisábamos (“ya empezó, corre” “ya voy, ya voy”), comentábamos unos con otros lo que estábamos viendo juntos en aquel preciso instante. O esperábamos al día siguiente para rememorar con los amigos los mejores momentos de la retrasmisión.

Todo esto, con las tecnologías de la información ha cambiado. Especialmente con las redes sociales, pero también con la proliferación de dispositivos como los móviles inteligentes («smart phones»), las tablets, los ordenadores portátiles o las televisiones también «inteligentes» (“smart TV”). ¿La caja tonta ha dejado de ser tan tonta?

Enumeremos algunos cambios:

Se terminó ver la tele a una hora determinada. Excepto en ocasiones muy puntuales, como es el caso de grandes concursos o acontecimientos en directo como los deportes.

– Es decir, en general, ya no esperamos a que comience el espectáculo. Nosotros decidimos cuándo tiene lugar el show.

– Los modelos de pago, que cada vez están haciendo más populares, evitan las interrupciones cuando decidimos exponernos. Queremos el contenido aquí y ahora, que es cuando nos viene bien, no más tarde. Y lo queremos del tirón, sin molestas pausas publicitarias.

– A mis niños les molesta mucho no poder parar la transmisión de los dibujos animados que están viendo cuando, por ejemplo, tienen que ir al baño a lavarse los dientes. No entienden muy bien que estamos viendo un canal tipo Clan o Disney Channel. Ellos siempre piensan que estamos en Netflix. Y ya cuando les cuelan un anuncio y les interrumpen los dibujos no veas lo que se cabrean…

– El impacto en la industria del Periodismo y de la publicidad, por lo tanto, es notable.

Imagen de Jan Vasek libre de derechos

– Ya no solemos reunirnos para consumir material audiovisual (películas, series, concursos…). La exposición se individualiza. A veces coincidimos en el mismo lugar, en el salón de casa, pongamos por caso. Pero cada uno va a su bola, con su propio dispositivo.

– Puede que coincidamos en el tiempo y en el espacio, pero no en los contenidos que se están viendo. Esto podría relajar el componente de “familia” o de “grupo”. No disponemos, o lo hacemos de manera menos fuerte que en pasado, de un tema común de conversación que genere grupo. Cada uno está viendo algo diferente.

– La hiperconexión que nos ofrecen las redes sociales nos permiten comentar en tiempo real lo que está pasando en ese acontecimiento en directo que estamos viendo. Ya no tenemos que esperar al día siguiente para cotillear sobre lo sucedido en la escuela o el trabajo. Lo hacemos al momento. Reaccionamos al momento. Comentamos al momento en Twitter, nuestro grupo de WhatsApp o nuestro muro de Facebook.

– Relacionado con lo anterior se abre paso la multitarea. Vemos la tele, sí, pero, también, estamos con el movil en la mano tuiteando sobre lo que vemos o con nuestro Instagram abierto, subiendo fotos de nuestras reacciones. Nuestra atención se divide en varios frentes a la vez. Quizá ello esté relacionado con la actual dificultad que, a veces, tenemos para estar atentos y concentrados en una única cosa

Un momento de cambio

Estos son sólo algunos cambios muy evidentes. Hay muchos más que, seguro, se me habrán quedado en el tintero. Si te apetece, tienes los comentarios para añadirlos.

Sea como fuera hay que admitir que la cosa está cambiando. De las emisiones lineales (televisión convencional) estamos yendo hacia un modelo de, como suele decirse, “múltiples pantallas”. Ya nos sólo la de la tele.

¡Salud y ciencia!


– Más artículos interesantes en nuestro blog y, sobre todo, en las Unidades Docentes de Comunicación y Ciencia Política:

– Unidad docente de Comunicación: https://goo.gl/ZjN8Gw 

– Unidad docente de Ciencia Política: https://goo.gl/ksCqqp 

– Imagen de portada de funnytools libre de derechos

1 comentario en “La televisión solitaria”

  1. En bien, únicamente se puede aspirar a una sociedad en donde la razón (o el que la aplica o la muestra inengañablemente) gane; y no que pierda o que agonice en crueldad.
    Por eso, esa lucha ha de ser libre de todo, de costumbres, de todo lo que no sea fiable o probado racionalmente, sin cadenas ni servidumbres a los contraintereses del bien.
    ¡Y basta de cualquier «lobby», porque solo busca poder, no mínima racionalidad!
    José Repiso Moyano
    http://delsentidocritico.blogspot.com/

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