Legitimidades paralelas

Las calles de Barcelona y otras ciudades catalanas llevan días en plan polvorín. Desde que se hiciese público el fallo del Tribunal Supremo condenando por sedición a los cabecillas del denominado Procés, las protestas no cesan. La mayoría pacíficas, pero algunas violentas también. Más allá del desorden público nosotros vamos a hablar aquí de las legitimidades enfrentadas que se ocultan tras el conflicto…

Los independentistas catalanes apelan a un pueblo humillado. Los constitucionalistas al cumplimiento de la legalidad. Unos se quejan por los presos políticos. Otros hablan, más bien, de políticos presos. A la ruptura con el orden constitucional se le opone el derecho del pueblo a decidir. Unos hablan de Catalunya como sujeto soberano, otros lo extienden a toda España.

De este modo, por el diferente origen de la legitimidad a la que unos y otros apelan, se entiende que vivan en una especie de mundos paralelos. El diálogo se vuelve difícil y las vías unilaterales ganan terreno: la DUI (Declaración Unilateral de Independencia), por un lado, y el artículo 155 de la Constitución española, por otro.

Los espacios de entendimiento se achican y la posibilidad de violencia, en consecuencia, aumenta.

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Si a todo ello le añadimos el hecho de que nos encontramos ya en período electoral -las elecciones en España están previstas para el domingo 10 de noviembre- el coctel molotov adquiere dimensiones dantescas.

La difícil cultura del pacto

Entenderse con el otro, en este contexto, resulta muy difícil. La sociedad catalana siempre ha sido muy plural, con fuerzas nacionalistas (ahora independentistas) y no nacionalistas (o nacionalistas españolas).

Dentro de estos dos grandes bloques, el elector puede optar por el nacionalismo conservador (JxCat), progresista (ERC) o asambleario (CUP), por un lado, o el centro-derecha “españolista” (PP), los liberales de nuevo cuño (C’s), el socialismo catalanista (PSC) o la izquierda “populista” (Comunes).

Toda una sopa de letras, vamos.

Sin embargo, tanto a nivel nacional como autonómico, el pacto se ha vuelto imprescindible desde la quiebra del sistema de partidos de 2015.

En la política central, la repetición electoral de este próximo noviembre evidenció, entre otras cuestiones, lo poco acostumbrados que están nuestros representantes a ceder, negociar y llegar a acuerdos. Ha sido la historia de un fracaso. Del fracaso de la izquierda, en este caso.

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Pero en Catalunya, precisamente por el pupurrí de letras que acabamos de describir, están más acostumbrados a una mesa con muchos más comensales. Ojalá estén a la altura para reconducir una situación que está adquiriendo tonos preocupantes. O será un fracaso de la sociedad catalana en su conjunto. Tanto de unos como de otros.

Y, para ello, se vuelve imprescindible redibujar la figura del enemigo, convirtiéndolo, como diría Chantal Mouffe, en adversario. Es decir, reconociendo la necesidad de su existencia misma.

Algo que, por otra parte, parece difícil, teniendo en cuenta las diferentes legitimidades a las que unos y otros están apelando.

A mí me parece el único camino.

¡Salud y ciencia!


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1 comentario en “Legitimidades paralelas”

  1. “Cuando abras la ventana, deja que pase TODA LA LUZ, no alguna” Oswaldo Roses
    TODO ESTÁ ENSEÑADO PARA APLASTAR A LA ÉTICA. Muchas medidas aparentemente salvan un bien, ¡pero no lo salvan porque FALLA LO ESENCIAL EN TODOS (en su amplitud de miras)! Sí, siempre en el hambre, por ejemplo, se resuelve un aspecto, ¡siempre!, pero los otros miles de aspectos son pisoteados por todos vosotros. Es decir, racionalmente todo únicamente se resuelve en su totalidad de aspectos; si no, pues solo es una mentira creída A LA CUAL TODOS AYUDAN. Por eso el bien es una CONTRACORRIENTE, es un basta a lo mismo en sus apariencias por encarar de una vez todos los aspectos de la verdad (así es, sin que la verdad se venda a unos intereses en concreto).
    También en el fondo (aun inconscientemente a veces), muchos quieren quedar bien con todos: con el explotador, con el manipulador, con el corrupto, con el que odia al inmigrante, con el taurino, con el ateo, con el cazador, con el fanático de la patria y, en suma, con todas las mentiras. Sí, porque quedar bien con muchos es objetivamente ganar votos, premios, influencias, besitos en el culo, columnas en la prensa, puertas abiertas por todos sitios, y un sin fin de evitar verdades. Pero ¿qué pasa con la verdad en su totalidad de aspectos?, ¿qué pasa con el que tiene un deber total con la ética-verdad y lo cumple totalmente por su condición de ser bueno?, ¿qué pasa con él? (ésa es la pregunta del siglo). Pues que todos, todos, sí, que todos vosotros lo vetáis y lo fusiláis de inmediato, teniendo él que resistir, aguantar, agonizar, enterrar lágrimas, sobreexistir, superar toda una serie de criminalidades y de torturas infinitas solo por lo que le hacéis vosotros o por vuestra cara. Exacto, eso nada más ha sido el resumen de la historia, que el que se guía por la verdad sin engaños y lucha por solo ella no cuenta jamás ni con agua entre tantos pillos y aprovechados que se mueven por todos los estamentos sociales, por todos los rincones de la sociedad o de Internet. ¡Pero hay esperanza!, ¡claro!, ¡algo me dice que ése «terrorismo monstruoso» terminará!, y ¡menos mal que terminará de una vez o al fin! , ¡por piedad! José Repiso Moyano

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