Un pueblo traicionado

Paul Preston es quizá, junto a Ian Gibson y Raymond Carr, uno de los hispanistas en lengua inglesa más reputados. Estas pasadas navidades me regalaron su último libro, que lleva por título Un pueblo traicionado, y que aspira a ser una radiografía de la corrupción en España. Os voy a contar mi opinión por si os apetece leer un poco de historia…

Paul Preston ha escrito sobre el rey Juan Carlos (dos volúmenes, muy asequibles de segunda mano aquí), el general Francisco Franco y su régimen, el comunista Santiago Carrillo, la Guerra Civil o sobre las peripecias de los corresponsales extranjeros en este mismo período histórico (Idealistas bajo las balas), entre otros.

En esta ocasión, el historiador de Liverpool se ha propuesto algo que, creo yo, no ha conseguido. Me explico: Lo que Un pueblo traicionado hace es contarnos de manera trepidante y minuciosa acontecimientos como la Restauración Borbónica, la Dictadura de Primo de Rivera o la Segunda República. Pero en ellos se olvida del análisis de la corrupción o, cuanto menos, en la mayoría de las ocasiones pasa a un segundo plano.

Mi ejemplar de Un pueblo traicionado. Imagen de un servidor distribuida bajo licencia CC

Yo diría que en los primeros capítulos estamos ante un volumen de historia general, en el que se incide mucho en la personalidad y relevancia pública de ciertos individuos. Ocupan un lugar relevante gente como Antonio Maura, Alejandro Lerroux, Juan March, Alfonso XIII, Miguel Primo de Rivera o los políticos republicanos Manuel Azaña o Niceto Alcalá-Zamora, entre muchos otros que, seguro, me dejo en el tintero.

Como colectivos, Preston analiza de forma muy convincente el impacto de la actividad del anarquismo catalán (y el catalanismo de Francesc Cambó) –sobre todo durante la Restauración y la dictadura de Primo–, el ejército (me llamó mucho la atención la figura de los africanistas, entre los cuales destaca la figura de Francisco Franco) o la presión extranjera (sobre todo a lo largo de los capítulos 7 y 8, que se dedican a analizar el franquismo).

Pero en todos estos momentos la referencia al hilo conductor del libro –la corrupción y la sensación de que las elites políticas abusan del pueblo español– se vuelve muy residual. Está presente, pero no ocupa un lugar tan destacado como la relación de Alfonso XIII con Antonio Maura o los tejemanejes de Juan March durante las dictaduras de Primo y Franco, por ejemplo.

La corrupción contemporánea

Las referenicas a la corrupción se vuelven mucho más importantes al final de la obra. Sobre todo, en los dos últimos capítulos, dedicados a analizar la transición a la democracia y la España contemporánea, respectivamente.

Parece lógico, ya que el historiador británico habrá contado con muchos más datos en estos momentos históricos que en épocas anteriores. En el último capítulo Preston hace una radiografía acelerada de los casos de corrupción de los años de la restauración democrática: FILESA, GAL, caso Mariano Rubio, caso Banesto, caso de la Rosa, la fuga de Luis Roldán….

Imagen de sajinka2 libre de derechos

Recuerdo vagamente estos casos de corrupción del denominado felipismo o período en el poder del PSOE de Felipe González (1982-1996). Era yo bastante niño, pero lo recuerdo en el contexto de un pueblo (Vilagarcía de Arousa, provincia de Pontevedra) en el que casi todo mi entorno era bastante conservador. Se respiraba en el ambiente un clima de claro rechazo a Alfonso Guerra, Felipe González y el socialismo en general.

Preston avanza en un momento de la historia reciente de España que conozco un poco mejor, tanto porque ya era yo un muchachito universitario en Salamanca, como porque sucedió hace no tanto. Nuevamente, y aquí sí, la corrupción y los tejemanejes periodismo-poder-economía ocupan un lugar muy destacado.

Estoy hablando de la década de 1990/2000 y de nombres como José María Aznar, Pedro Jota Ramírez, Juan Villalonga, Jesús Gil, Juan Antonio Roca, Isabel Pantoja y muchos otros…

Muy buen libro

En resumen, el libro de Paul Preston me parece magnífico. De esos que lees del tirón y transcurre todo en un suspiro a pesar de sus casi 800 páginas.

Bien es cierto que te tiene que gustar el género: narración histórica deteniéndose mucho en los detalles y tomando como elemento conductor la actividad política y la acción de ciertos personajes históricos. Pero, si el género es de tu agrado, te encantará Un pueblo traicionado.

Aunque, como vengo diciendo, el libro, de alguna manera, también te traiciona a ti. En los primeros capítulos el análisis de la corrupción se vuelve muy circunstancial, casi inexistente. Para, conforme avanzamos, ir ganando protagonismo. Y es una lástima porque, evidentemente, conozco mucho más la corrupción contemporánea que aquella otra más alejada en el tiempo.

¡Salud y ciencia!


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